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Expedición en Haití

septiembre 25, 2017

Los gallos cantan y me dicen desde el Hotel Karibe que ya es de mañana y nos espera una excursión en el sur de Haití, sin la idea de lo que veré más allá de lo que está escrito en el calendario. El desayuno fue una sopa de calabaza, la más rica que he probado, dándome energías para lograr llegar a las 9:00 de la mañana a uno de los lugares más hermosos para mi, el L’ Observatoire, en el tope de la montaña Mount Boutilliers a 3,000 pies de altitud donde tomamos una merienda en este maravilloso mirador.

Luego visitamos la zona donde ocurrió el terremoto y es impresionante la cantidad de personas que permanece allí trabajando en su día a día, cargando con la amargura del recuerdo de tantas muertes. Ahí visitamos el National Pantheon Museum donde se conserva toda su historia, incluso tienen el ancla de la nave Santa María que al verla se me erizó la piel. Saber como los haitianos han logrado conservar su historia, cuando en mi país lo que hacen es ¡pegarle manguera de presión a las murallas que tienen más de 400 años de historia; pero bueno, ya saben como es esto.

 

A la 1:30 de la tarde visitamos el Hotel Plaza y probamos una variedad de mariscos, para seguir con la energía en esta travesía y conocer unas damas haitianas, cuya herramienta principal de trabajo es el martillo. Estas chicas forman parte de un selecto grupo de haitianos que construyen el Hotel Marriott, como parte del plan de inversionistas que están involucrándose para desarrollar la industria hotelera en Haití.

Ya de regreso al Hotel, nos preparamos para visitar del festival anual de comida “Gout et Saveurs Lakay”, en el cual participan chefs de renombre y empresarios promocionando sus productos gourmet de alta calidad. Como ya les había comentado en el reportaje anterior, el sazón haitiano es parecido al puertorriqueño, pero es un poco picante, aunque no molesta al paladar. Allí hubo de todo, hasta la carne negra que todavía estoy en busca de su receta.

La mañana siguiente hicimos “check-out”, para montarnos en una avioneta que nos llevaría al norte de Haití, no sin antes hacer una parada en la Embajada de Estados Unidos para visitar a Pamela L. White. Pamela está a cargo de los asuntos diplomáticos entre el sistema político de Haití y Estados Unidos, nominada por el Presidente de Estados Unidos, Barack Obama. La Embajada de Estados Unidos nos tenía un desayuno listo y Pamela nos contó sobre sus gestiones para atender las situaciones que ocurren en Haití, como la actividad de inversionistas para construir hoteles y fomentar el turismo.

Ya con la barriguita llena, regresamos al aeropuerto para dirigirnos a Cap Haitien, trasportado por una nueva línea aérea en Haití llamada Sunrise Airways. Comencé a sentirme seguro, pues vi en el aeropuerto un proceso similar en las medidas de seguridad para abordar a las cuales ya estamos acostumbrados. Ya el cuerpo me pedía comida nuevamente, así que me comí unos “platanutres” de pana que vendían en los kiosquitos.

El vuelo a Cap Haitien dura unos 25 minutos y desde el aire pudimos apreciar “La Cintadelle Henrry”. Para los haitianos “La Cintadelle Henrry” es lo que para nosotros es El Castillo del Morro, pero edificada a 3,000 pies de altura.

Aterrizamos en Cap Haitien y es el mismo entorno que el sur de Haití, gente trabajando en lo suyo, muchos vendiendo ropa y comida. Hay estaciones de gasolina “clandestinas” donde en una mesa venden envases de un litro llenos de gasolina, para el que los quiera comprar. De camino nos dirigimos al National History Park Citadelle y San Souci Ramiers. Estos monumentos datan de principios del siglo XIX, cuando Haití proclamó su independencia. El Palacio de Sans Souci, los edificios de Ramiers y en particular la Ciudadela, son símbolos universales de la libertad por ser los primeros construidos por esclavos negros que habían conquistado su emancipación.

La experiencia de subir a Ciudadela montado en un caballo, fue una de las más maravillosas que he tenido en la vida. El viajero va montado en el caballo, pero un haitiano va a pie dirigiendo al equino hasta llegar a la cima. Todo viajero debe experimentarlo y no sentirse intimidado por los haitianos que tienen el deseo de servir y recibir su propina una vez culmine la travesía a 3,000 pies de altura.

¿Que se vio desde allá arriba?. Les diría que casi todo Haití, sus montañas, el mar, las casas humildes en el lugar donde comenzó lo que fue la Perla del Caribe y hoy el rescate de ese espacio.

Ya en la noche llegamos al Cormier Beach Hotel. Un hotel donde puedes disfrutar el paisaje del Océano Atlántico y también abrazar el WiFi que tanto deseamos. No esperen ver de este hotel lujos, son habitaciones sencillas, tipo playera o parador muy a tono con su entorno.

En este viaje vi un Haití con ganas de ser nuevamente conquistado, de abrirse al mundo, pero esta vez, con otra cara. Un país que quiere salir del estigma de que son el más pobre del mundo. Me llevé muchas experiencias que son solo mías y no para compartirlas. Son muchas las historias que fueron coloreadas en mi mente y comparto con ustedes este video que preparé, para que sean testigo de lo que es la otra cara de Haití, con una riqueza conservada.

Agradezco nuevamente a Delta Air Lines por haberme permitido ser parte de esta travesía y a todos los nuevos amigos periodistas por compartir tan gratos momentos.

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